Primero de diciembre de 2014

En la marcha del primero de diciembre asistí a un pleito entre un conductor de televisión y un manifestante en bicicleta. El hombre con el micrófono y su camarógrafo (sin señas que delataran a qué televisora pertenecían) se habían instalado en la zona más vacía del Ángel, de manera que la manifestación simplemente no salía a cuadro. No pude escuchar qué decía el hombre exactamente, pero me saltaron algunas palabras como “vandalismo”, “violencia”, “lanzando cohetes” y cosas del mismo campo semántico.

De pronto, un manifestante pasó atrás del conductor en su bicicleta, mostrando su manta hacia la cámara. El hombre con el pelo engominado dejó de hablar inmediatamente y su camarógrafo, de filmar. Entonces el manifestante empezó a regañar a ambos profusamente. “No estás diciendo lo que realmente está pasando”, decía, y lo acusaba de distorsionar la realidad, de criminalizar la protesta, de mentir y no mostrar las imágenes de la inmensa marcha, mayoritariamente pacífica. Tantas y tan verdaderas fueron sus palabras, que el conductor optó por subirse a su motocicleta y proceder a retirarse. Entonces, el manifestante se trepó en su bicicleta y siguió disparando sus argumentos, furioso, hasta que los perdí de vista.

No recuerdo lo que decía su manta. Sin embargo lo puedo inventar. Su manta, en mi imaginación, dice algo así como: “Violencia es tu silencio”.

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Pánico

Una bolsa negra florece de mi corazón
hasta cubrir mi cabeza
Cómo es el mundo real
donde el viento no aplica electroshoks
ni se atrofian gritos en la sangre
No veo nada
no soy nada
soy inútil en este mundo subterráneo
de changos alucinados en las tinieblas
y fractales de cuerpos en posición fetal
Que alguien me recuerde quién soy
para que pueda despertar

Deforme

¿Cuánto tiempo pasó
mirándose al espejo?
Ni sus poros maquillados
o desnudos
ni sus facciones
de apagada simetría
ofrecían explicaciones
Un día se rindió
le dio la espalda a su imagen
y caminó a ciegas
hacia el incendio
que carcomió su piel
Desde entonces ya no busca
su reflejo
porque sabe que su rostro
está
en otro lado

Chingue a su madre

Le dije ahí vienen, ya nos chingamos. Me dijo no estés chingando. Le dije son un chingo. Me dijo ni que fueran tan chingones, yo solito me los chingo a todos. Y que se chinga su cerveza, y que se levanta quesque muy chingón. En eso llega la chichona gritándonos traigo el coche pero chínguenle o nos carga la chingada. Nos trepamos y en chinga nos alejamos. La libramos por poquito, o eso creíamos porque… ah chingá, la chichona detiene el coche: es una chinga andarlos rescatando siempre, mejor aquí se bajan y chingue a su madre. Hazme el favor, qué chingaderas son esas, esa mujer tiene un humor de la chingada. Pa que se aplacara, entre los dos nos la chingamos. Y ya más tranquilos, nos fuimos los tres a escondernos a casa de la chingada.